Supply Chain: ¿Qué nos depara la “nueva normalidad” en materia logística?

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Los estudios y prospectivas que muchos especialistas en diversos temas hemos realizado acerca de los escenarios futuros en materias como la salud, los ciclos económicos, la logística, el transporte, el trabajo como disciplina fundamental y fuente de riqueza de la raza humana, así como en el desarrollo de la educación, explotación de los recursos naturales y conservación del medio ambiente, entre muchos otros, deben ser considerados con renovada acuciosidad por los tomadores de decisiones en los ámbitos empresariales y de gobierno.  Baste citar el libro “Futuro de la Salud en México 2050” el cual constituye un ejercicio de prospectiva culminado en el año 2010 -una vez que se superó la emergencia de la entonces Influenza AH1N1-, escrito por dos célebres investigadores mexicanos y publicado por el Consejo General de Salud y la Secretaría de Salubridad (SSA), los cuales se apoyaron en la opinión de poco más de 900 expertos entrevistados, para afirmar, entre otras muchas conclusiones, que podría presentarse una pandemia en el año 2020 que en su estimación de entonces, podría causar unos 500 mil decesos en nuestro país.

Si como resultado de la publicación del libro mencionado, el Gobierno Federal de entonces y los subsecuentes hubieran puesto énfasis en un plan de inversiones para mejorar la salud pública, nuestro panorama sería diferente. Tendríamos una sociedad más sana y un Sistema Nacional de Salud articulado y con menos presiones para atender a una sociedad que se permitió los excesos en alimentos y bebidas nocivas y que hoy debe ser atendida de manera emergente, dada su alta vulnerabilidad frente a fenómenos virulentos como el que hoy aqueja al globo entero.

Lo mismo sucede en términos de nuestra especialidad como lo es el transporte y la logística. Desde hace muchos años se tienen en proyecto diversas líneas ferroviarias nuevas, así como acortamientos, libramientos y patios de maniobras, que permitirían convertir al ferrocarril en la columna vertebral del transporte y equilibrar la oferta del autotransporte como modo complementario. Sin embargo, los vehículos automotores de carga y pasajeros -como solución fácil y a modo-, hoy saturan nuestras ciudades y carreteras e impactan nocivamente la calidad del medio ambiente, mientras que tenemos un servicio ferroviario segmentado que obedece más a criterios de rentabilidad y competencia desleal, que a un sistema integrado.

Ejemplos similares son evidentes con el desarrollo de nuestros puertos marítimos, donde desde hace algunas décadas se hablaba de la necesidad de ampliación de recintos como Veracruz, Tuxpan y Manzanillo, lo que hoy apenas se está materializando, así como la urgente implementación de servicios nacionales de cabotaje marítimo, donde se está trabajando con espíritu renovado. Otros de los estudios que se realizaron en los albores del presente siglo, fueron los de Sistemas de Corredores Logísticos y de manera más reciente (2013), el denominado Sistema Nacional de Plataformas Logísticas. En estos dos últimos se planteó la conveniencia de articular los distintos modos de transporte de carga de nuestro país a fin de potenciar y lograr la racionalidad por una parte de la infraestructura de conectividad portuaria, ferroviaria y carretera, y por la otra, lo relacionado con los servicios conexos como las aduanas y los nodos de articulación modal, para con ello lograr economías de escala y tarifas de fletes más competitivas, al tiempo de que se disminuyera la contaminación ambiental motivada por la constante congestión de carreteras y vialidades urbanas -hasta antes de la pandemia-, saturadas de vehículos automotores.

En ese sentido, en el escenario aún incierto que se nos presenta, debemos reconocer el valor de todas esas iniciativas diagnósticas que en su momento debían orientar las políticas públicas hacia una mejor promoción e implementación de soluciones logísticas que hoy están cobrando una enorme relevancia. Se dice que México es uno de los países más diagnosticados del mundo debido a la gran cantidad de estudios con que contamos en diversos ámbitos.

Desafortunadamente, los recursos invertidos en los análisis son desperdiciados, debido a que sólo un bajísimo porcentaje de sus conclusiones son utilizadas por los gobiernos de todos los niveles, especialmente si las iniciativas surgieron en periodos anteriores.

Una vez que logremos superar los aspectos más nocivos de la pandemia como su transmisión de humano a humano con la implementación de vacunas y el de su alta mortalidad con una sociedad más sana y más informada, debemos pensar en el nuevo orden de cosas. En primera instancia encontraremos un mundo castigado por la baja demanda de bienes y satisfactores, debido a la pérdida de los ahorros, la reducción de los medios de producción con la consecuente disminución crítica del empleo y la capacidad de compra, motivada por la desaparición de numerosas fuentes de trabajo.

La baja en la demanda que estamos observando por la abrupta detención de la economía a nivel mundial, tendrá consecuencias inevitables en un horizonte no menor a 5 años, a juicio de los especialistas, donde todas las capacidades construidas a lo largo de los últimos 50 años en materia de transporte, almacenamiento, distribución, control del comercio exterior y puntos de venta finales, estarán más que sobradas para el tamaño de la actividad económica que sobreviva a la crisis sanitaria. Esto se agudizará en la medida que la economía de Estados Unidos tarde en salir de la depresión, debido a la enorme dependencia de nuestras exportaciones hacia ese mercado.

Por otra parte, los aspectos sanitarios cobrarán una relevancia inusitada en cualquier ámbito laboral donde los empleados, colaboradores y trabajadores deberán observar estrictas medidas de aislamiento y protección contra contagios al mismo tiempo que se garantice que si alguna persona es portadora del virus, no genere contagios en los demás. Las grandes concentraciones de personal en torres corporativas, oficinas, comercios, fábricas y toda unidad administrativa, serán cosa del pasado. Todas deberán contar con filtros en los accesos a sus instalaciones a fin de que los propios trabajadores, los clientes y cualquier persona que deba ingresar a ellas, sigan protocolos como el uso de mascarillas, la medición de la temperatura, una distancia adecuada entre congéneres y la aplicación de gel antibacterial en las manos, además de la protección de ojos con gafas o caretas especiales.

Las líneas de producción en industrias con un uso intensivo de mano de obra, deberán modificar sus estaciones de trabajo a fin de que cada empleado mantenga un aislamiento respecto de otros, con el empleo de separadores físicos o virtuales en razón de la distancia. Los materiales utilizados en la fabricación de toda clase de productos deberán pasar por un riguroso control sanitario a fin de prevenir la portación de virus en sus superficies, envases y embalajes. Este escenario, será un campo fértil para una mayor automatización de procesos, tanto a nivel de producción como de almacenamiento y distribución con vehículos autónomos.

También en los centros educativos se deberán tomar medidas estrictas en cuanto al aislamiento y la prevención, seguramente los recreos serán escalonados para evitar grandes concentraciones de alumnos y es probable que se privilegie la educación a distancia, al menos por un tiempo razonable, lo que es previsible que sea acompañado por las decisiones de la iniciativa privada y el gobierno de mandar a su casa al mayor número de empleados para trabajar a distancia. Todo esto privilegiará el uso de las tecnologías de comunicaciones y las famosas juntas, serán ahora sustituidas por las videoconferencias.

Si queremos evitar volver a las crisis matutinas y vespertinas del tránsito citadino de automotores en nuestras principales metrópolis, la mejor solución será mantener el trabajo a distancia y sólo en caso necesario, acudir a reuniones o trabajo presencial. Esta crisis nos demostrará, entre otras cosas, que el trabajo a distancia es más fácil de controlar debido a las metas y resultados que deben entregarse en los tiempos preestablecidos, lo cual también seguramente será válido para la educación.

En fin, preparémonos para los nuevos tiempos y aprovechando la inteligencia y creatividad mexicanas, seguramente encontraremos nuevos nichos de negocio para salir de la crisis.

Fuente: América RETAIL

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